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Objetivos del grupo

Hacia una medicina de familia basada en la excelencia.

Entre tú y yo, entre todos, ¿te apuntas a la ética del día a día?

En el GdT de Bioética sentimos que aún se puede:

  • Ayudar a ver con una mirada ética las cosas que pasan en nuestras consultas.
  • Reflexionar sobre los valores y las actitudes profesionales necesarias para seguir disfrutando cada día de nuestro trabajo.
  • Mejorar entre todos lo que sabemos y lo que hacemos con calidad ética.
  • Practicar ese modo de aceptar al otro, sus ideas, sus razones, sus sentimientos, que llamamos deliberación en nuestras mentes y en nuestras consultas.
  • Facilitar la resolución de los problemas éticos que nos ofrece el singular encuentro humano de nuestro trabajo diario.
  • Trabajar en el mar de la incertidumbre (ética y clínica) con argumentos racionales y razonables.
  • Mejorar el manejo de tantos conceptos y emociones complejas (y apasionantes) a través de distintas fuentes de información.
  • Asesorar a los compañeros cuando surgen situaciones difíciles de abordar en solitario.
  • Seguir aprendiendo bioética mediante talleres, cursos, cinefórum, y todo lo que se os ocurra.
  • Favorecer la toma de decisiones en algunas situaciones típicas que puedan analizarse mediante guías o protocolos de actuación.
  • Hacer oír los sentimientos y razones de los médicos de familia madrileños mediante informes, recomendaciones o propuestas en temas que supongan un daño moral para los pacientes, los compañeros o la sociedad en general, y reforzar las situaciones que favorecen que las cosas se sigan haciendo bien y cada vez mejor.

En resumen, queremos seguir estando orgullosos de nuestra tarea y colaborar en mantener la ilusión de todos porque nos sobran los motivos para querer ser médicos de familia.

Coordinador

Julio Sánchez Salvador

Miembros del grupo

Mª TERESA ALZUGARAY GARCIA-DIEGO
CARMEN CAMARA ESCRIBANO
JOSEFA CASTRO MARTIN
MIGUEL ANGEL GARCIA PEREZ
LUCIA HIGUERA CABAÑES
LUCIA MARTIN VALLEJO
GARBIÑE MARZANA MARTINEZ
ANTONIO MOYA BERNAL
BEATRIZ OGANDO DIAZ
JULIO SANCHEZ SALVADOR

ASI EN LA PLAYA COMO EN LA NIEVE 

15 de enero de 2017 

 
 
En estas últimas mañanas encuentro escarcha en los coches, camino del centro de salud (tengo trabajo, mis vecinos tiene coche). El vaho de mi boca me recuerda que hace frío (tengo abrigo –varios–, guantes, bufanda –muchas más de las que necesito–, acabo de darme una ducha caliente en casa). No he tenido que hacer ninguna cola esta mañana ni para calentar la leche (en casa hay varios litros) ni para tostar el pan (de molde, de una archiconocida marca multinacional). Mientras desayunábamos hemos escuchado las principales preocupaciones de este país durante el mes de enero (vivo en el “primer mundo”): si este año la cabalgata de Reyes ha sido “perdonable” (un niño y unos cuantos hombres formando una fila… qué coincidencia con las fotos), unos cuantos expertos asesorando a padres en talleres especializados sobre la edad óptima a la que los niños deben tener su –primer– Smartphone (mis hijos tienen uno cada uno, yo tengo otro), además de cuántos paquetes con regalos es conveniente que cada niño abra –no que juegue sino que abra– la noche de Reyes. 

A mí también me parecen asuntos preocupantes.

Apuro el té y apago la tele (tengo dos teles en casa) y salgo como cada mañana hacia el centro de salud (soy médica de familia, ya te dije que tengo trabajo y no me juego la vida trabajando). Por un instante se me pasan por la cabeza algunas de las causas de muerte que podrían aparecer en mi certificado de defunción pero no se me ocurre que pudiera poner: Hipotermia. Impacto de metralla. Derrumbe de su casa arrasada en un bombardeo. Yo vivo en un país si más guerras que las políticas. Hay paz (relativa y no perfecta pero paz). Puedo sentirme razonablemente segura. También mis hijos, que tienen  todo lo que pueden necesitar (todas las necesidades básicas cubiertas, todas) y bastantes cosas que no necesitan. Estudian (hay colegios, institutos), hacen deporte (hay polideportivos), tienen bibliotecas públicas –a las que no acuden– llenas de libros –que mis hijos no leen, prefieren los videojuegos–.

Esta es mi rutina de cualquier día de enero, como podría haberlo sido para una médica de familia siria una mañana cualquiera de enero de hace seis años. Ella y yo, compartiendo aún el entusiasmo por un oficio hermoso que se presta a escuchar, acompañar y aliviar los sufrimientos ajenos. Sin que ella dejara de cumplir con sus rutinas, sus horarios, sus obligaciones (igual que yo con las mías) todo se vino abajo. Ahora la rutina es la del miedo, la del terror, la del pánico. Durante seis largos años, cada día. Ya no hay trabajo. Ni coches aparcados. Ni ducha caliente. Ni desayuno, ni leche, ni pan de molde tostado. Frío sí, mucho, persistente. Sin abrigo, ni guantes, ni bufandas. Ella cambió su centro de salud por un bote hinchable en el que se subió con sus dos hijos, sin Smartphone ni paquetes de regalos ni fotos en la cabalgata de Reyes. Creyó que podría atravesar el mar helado y alejarse del miedo y de la muerte. Creyó que podría refugiarse en el primer mundo de cabalgatas de Reyes y buenos propósitos solidarios.
Ahora está haciendo cola a veinte grados bajo cero con una manta congelada sobre los hombros, congelado el rostro por el que ya no bajan las lágrimas que dejó de derramar hace nueve meses cuando llegó a Lesbos (sin Smartphone y sin sus dos hijos que cayeron del bote hinchable y se ahogaron en el mar helado).
Ella no sale en la foto que circula por las redes sociales y que yo veo esta mañana en Twitter, en mi Smartphone, camino a mi trabajo, con mi abrigo, mis guantes y una de mis muchas bufandas. Ella no, ni sus hijos (sin tumba, solo el mar como camposanto). Y yo pienso si no debería hacer algo más que retuitearla (la foto, la fila, el paraje helado como un Auschwitz del siglo XXI), hacer algo más que poner un emoticono triste, muy triste, el emoticono más triste que encuentro. Pienso en hacer una donación extra a ACNUR (soy socia de ACNUR, de UNICEF, de CRUZ ROJA, de SAVE THE CHILDREN y alguna otra) (soy socia, no beneficiaria). Pienso. No actúo. Siento. No actúo. Pienso al menos compartir la indignación que siento. Pienso decir algo. Pero me callo. Parece obvio que no servirá de nada.

¿Y si sirviera? ¿Y si tú tampoco te callaras? ¿Y si pudiéramos hacer una cabalgata mágica de verdad que terminara con esas denigrantes condiciones de vida en los campos de “refugiados”? ¿Y si pudiéramos parar la guerra? 

No sé cómo hacerlo. Sinceramente no sé cómo hacerlo ni qué hacer que sirva de algo. Pero no quiero seguir callada. Silencio cómplice, como tantos de la historia, que mira, se indigna y calla.

#CONLOSREFUGIADOSyonomecallo 
¿Y tú? ¿Tú también te callas o alzas tu voz?


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¿HASTA CUANDO CALLADOS? 

15 de enero de 2017 


NADA -y repetimos: NADA- de los que nos diferencia y nos separa a los humanos como individuos y como colectivos que formamos parte de comunidades y paises puede estar por encima y ser más importante que el sufrimiento y las vidas de los que estos días y meses se encuentran atrapados en países en conflicto y/o huyendo de ellos.

Desde nuestra posición en el mundo como individuos y como parte de asociaciones, colectivos, partidos, países a los que podamos pertencer, nos exigimos a nosotros mismos y exigimos a nuestros colectivos, asociaciones, partidos y países participar y trabajar en la búsqueda de cauces y caminos para que las personas podamos vivir con dignidad por el mero hecho de serlo y en contextos pacificadores

Grupo de trabajode  BIOÉTICA de SOMAMFYC
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NO SOLO DUELEN LOS GOLPES 

15 de enero de 2017  Un monólogo sobre la violencia machista, contando desde las entrañas, desde la desnudez de la experiencia que a veces resulta innombrable. Pamela nos regala su voz, su palabra, su energía para decir que YA BASTA de tanta desigualdad y violencia



Hay muchas oportunidades de ver y escuchar este monólogo. Consúltalas aquí:
https://nosoloduelenlosgolpes.wordpress.com/

 También puedes verlo en esta grabación de una sesión en un instituto



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Cine de calidad: Paterson y Frantz 

03 de enero de 2017  Dos buenas películas que nos enseñan a afrontar la vida con sencillez, y a asumir la muerte

Paterson, de Jim Jarmusch

Imagen relacionada

Frantz, de F. Ozon

Resultado de imagen de frantz
 

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